Doctor, ¿por qué no puedo controlar mis fobias?

«Los casos graves deben ser tratados por psicólogos y psiquiatras a la vez», asegura Isabel Lozano, especialista del Hospital Virgen de la Arrixaca y profesora de la UMU

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La psiquiatra del Hospital Virgen de la Arrixaca Isabel Lozano. / Guillermo Carrión / AGM

Las fobias son un temor irracional y desproporcionado en relación al estímulo que las desencadena. La persona que las sufre no las puede evitar, a pesar de reconocer que pueden ser absurdas.

Se pueden desencadenar a partir de una experiencia desagradable con algún objeto, animal o situación, pero pueden surgir también sin que haya situaciones aversivas previas; de hecho, existen fobias prácticamente a cualquier cosa, desde a las cucarachas hasta a las relaciones con otras personas.

Aunque también existen miedos -no fobias- que son innatos. Según la psiquiatra del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca y profesora de la Universidad de Murcia Isabel Lozano «podríamos decir que están en nuestro equipaje genético para protegernos; de ahí que el miedo a la oscuridad o a los animales peligrosos que tienen los niños actúen como una medida de protección. Estos miedos, a diferencia de las fobias, son proporcionados al estímulo que los desencadena y tienen una función adaptativa».

'A priori' no existe un perfil del fóbico; cualquier persona puede padecer una fobia simple, de hecho es el trastorno mental más frecuente y casi un 60% de la población tiene o ha tenido una fobia a algún objeto o situación. No obstante, «las fobias más graves, como las sociales o las agorafobias, sí que están determinadas por factores genéticos y de personalidad», explica Lozano.

En cuanto a los tratamientos que se emplean actualmente para acabar con este tipo de trastornos, los profesionales disponen de diferentes modalidades terapéuticas, desde técnicas de psicoterapia cognitiva conductual, como la desensibilización sistemática, hasta tratamientos farmacológicos. Apunta la psiquiatra que «el objetivo del tratamiento es ayudar al paciente a que se exponga a la situación fóbica, controlando el miedo, y esto en función de la gravedad de la fobia (extensión, cronificación, etc.) puede ser fácil y rápido o realmente muy complicado, como ocurre en ciertas formas de agorafobia y fobias sociales, que pueden ser muy limitantes».

Así pues, recomienda acudir a tratamiento «cuando los síntomas interfieran en la vida de la persona y le ocasionen sufrimiento. Por ejemplo, si tengo fobia a los cocodrilos y vivo en Murcia, posiblemente no precise tratamiento, pero si tengo fobia a volar y soy un ejecutivo que tiene que coger aviones frecuentemente, tendré que tratarme».

Ni que decir tiene que si este tipo de problemas se tratan a nivel psiquiátrico es debido a que el cerebro juega un papel fundamental. En las fobias, se produce una activación de los circuitos del miedo, que residen en el sistema límbico, fundamentalmente en la amígdala del cerebro; esta activación límbica se asocia a una desactivación de la corteza prefrontal, lo cual determina que 'el control racional' también esté alterado. De hecho, las personas en situación de pánico o miedo intenso refieren que son 'incapaces de pensar en nada' o que 'se quedan en blanco', es decir, su cerebro más racional no funciona bien y el más primitivo, el cerebro emocional, se activa desencadenando el pánico.

La activación de los circuitos límbicos tiene una repercusión fisiológica compleja que produce finalmente incremento de los sistemas hormonales del estrés (aumento de adrenalina, noradrenalina y cortisol), esto es porque el cuerpo se prepara para una amenaza o peligro, que, en el caso de las fobias, no es real o es desproporcionado, y esta alerta se produce cada vez que la persona se tiene que enfrentar al objeto fóbico, por ello, el sujeto prefiere evitar la situación fóbica para no sentir la angustia y estrés que se produce en su cuerpo. Esta evitación puede tener graves repercusiones en la vida de estos pacientes y generarles importantes limitaciones (ser incapaz de salir de casa, de mantener contactos sociales, etc.)

Aclara Isabel Lozano que «las fobias son un trastorno mental, por lo que pueden ser tratadas por psiquiatras y psicólogos conjuntamente y esto, en los casos graves, es lo más indicado porque habitualmente precisan de tratamiento farmacológico y psicoterapia». Asimismo, asegura que padecer este problema no tiene que ser signo de otro tipo de patologías: «Las fobias son un trastorno en sí mismo, si bien es cierto que pueden presentarse en comorbilidad con otras patologías mentales: trastorno obsesivo compulsivo, anorexia nerviosa, etc.».
 
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